Año tras año exigimos más a nuestros suelos, que ya lleven décadas siente explotados por una agricultura cada vez más intensiva. Las variedades nuevas de todos los cultivos su siempre más productivas y las exigencias de agua y fertilizantes químicos aumentan en relación a la productividad y mayor necesidad de los nuevos cultivos y variedades.
Cada día se más importante mantener la fertilidad del suelo, sino este acabará para degradarse, convirtiéndose un terreno árido, baldío e impracticable para la agricultura. El mantenimiento de la fertilidad de un suelo no implica solo los fertilizantes (el abono base nitrógeno, fósforo y potasa). No se simplemente una cuestión de unidades fertilizantes extraídas que se tienen que reincorporar al suelo. La fertilidad va más allá.
Un suelo fértil, se un suelo vivo, rico en microorganismos autóctonos y adaptados al tipo de terreno y condiciones climáticas de cada parcela. Estos su capaces de realizar múltiples funciones beneficiosas y esenciales para el cultivo:
- Disuelven nutrientes insolubles de las rocas
- Transforman nitrógeno atmosférico en alimento.
- Complexan y liberan nutrientes degradados.
- Luchan contra patógenos nocivos.
- Aportan alimento transformado al cultivo.
- Y un largo etcétera de funciones más.
Una tierra sin microorganismos no se apto para la agricultura.

Gráfica donde se observan la cantidad de microorganismos, según lo reine animal al que pertenecen, que necesita un cultivo para crecer
La materia orgánica, evolucionada y transformada se también básica para a una buena fertilidad. Esta se el nicho donde se establecen los microorganismos mencionados, libera grandes cantidades de nutrientes, retiene la humedad y reduce pérdidas de agua y de los elementos químicos esenciales, descompacta el suelo, reduce el impacto de la salinidad y airea el suelo.
Los nutrientes en forma química, los abonos líquidos, solubles y granulados no tienen que ser considerados la base de la fertilización de los cultivos. Se tienen que utilizar como simples complementos para momentos puntuales del ciclo y las exigencias de los diferentes cultivos.
La base de la fertilización tiene que ser orgánica y de calidad, sin metales pesados acumulados, sin semillas de “malas hierbas” foranies y en un estado óptimo de transformación. Se la materia orgánica la base de la fertilidad a corto, medio y sobre todo a largo plazo.
Aportar basuras, compostajes, materias orgánicas líquidas, aminoácidos, extractos húmicos y fúlvicos, extractos de algas y mucho más, se esencial para que nuestros suelos sigan siendo productivos a lo largo del tiempo.
MIQUEL BARCELÓ PROUS
ASESOR AGRÍCOLA